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Arquitectura

La arquitectura de Nueva York ha variado cogiendo influencias de distintos estilos, según su momento histórico y cultural. Desde rascacielos hasta edificios a base de piedra y ladrillo, todos ellos en una confluencia de estilos arquitectónicos.

Cada vez que piensas en la arquitectura de Nueva York probablemente te venga a la cabeza un rascacielos. Y es que éstos edificios tan altos son la esencia de la arquitectura de la Gran Manzana, desde edificios de uso comercial hasta con fines residenciales. Nueva York es una ciudad que ha crecido a lo alto porque los 65 kilómetros cuadrados de Manhattan están rodeados por agua, y no pueden ensancharse más.

La arquitectura de Nueva York ha variado cogiendo influencias de distintos estilos, según su momento histórico y cultural. Encontramos edificios tan míticos como el Woolworth Building (1913), un rascacielos del revival gótico con mucho detalle a gran escala. Vemos también el Chrysler Building (1930) y el Empire State Building (1931), ambos de una época Art Decó que pegó muy fuerte. Hoy en día son dos de los rascacielos más famosos que podemos encontrar en la ciudad.

Avanzamos temporalmente hasta encontrar el Seagram Building (1957), con una fachada espectacular con tonos de bronce. El Condé Nast Building (2000), ya en nuestro siglo, es un ejemplo claro del diseño moderno y sostenible de los rascacielos americanos.

Saliendo de los edificios de altura de vértigo podemos asociar Nueva York también a las casas de piedra marrón características de los barrios residenciales. La mayoría se construyeron durante la rápida expansión urbanística que sufrió la ciudad desde 1870 hasta 1930.

Saliendo de la zona tan poblada, más allá de la New York City y sus cinco distritos encontramos casas unifamiliares de varios estilos arquitectónicos como el Victoriano o el Tudor Revival. Los materiales más usados para la arquitectura neoyorquina siempre fueron la piedra y el ladrillo, dejando atrás las construcciones con base de madera que tanto sufrieron durante el Gran Fuego de 1835. 

Un rasgo característico de los edificios de Nueva York es la presencia de torres de agua con techo de madera, En el siglo XIX, la ciudad puso como requisito el uso de éstas torres en edificios de más de seis pisos para prevenir la necesidad de bombas de agua que pudieran destrozar las cañerías municipales.